Familiares del acusado de abusar de su pareja dicen que «la tenía miedo» y psicóloga ve que ella adoptó «rol de madre»

EUROPA PRESS

  • SANTANDER, 14 (EUROPA PRESS)

Familiares del acusado de abusar sexualmente de su pareja en repetidas ocasiones han coincidido este jueves, al declarar en el juicio celebrado en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria, en que él es una persona «dependiente», también de ella, que era la parte «dominante» de la relación, hasta el punto de que él «estaba muy enganchado» e incluso «la tenía miedo», por lo que adoptaba una actitud de «sumisión».

Postura esta última que también mantenía la mujer, que era ocho años mayor y tenía dos hijos de sendas relaciones anteriores, y que asumió además un «rol de madre», según ha contrapuesto una psicóloga del centro de atención a víctimas de violencia de género que la atendió y que también ha prestado declaración, pero como testigo.

La sesión, iniciada ayer con el interrogatorio al procesado y a la denunciante, ha quedado hoy vista para sentencia, después de que las partes hayan elevado a definitivas sus conclusiones.

Es decir, que la fiscal mantiene la solicitud de nueve años de cárcel por un delito continuado de abuso sexual con penetración, con la agravante de parentesco, en tanto que la defensa interesa la libre absolución o, en su defecto, que se le condene a una multa de 3.600 euros, a razón de seis euros diarios durante 20 meses.

Según el escrito del Ministerio Público, los hechos ocurrieron entre 2013 y 2016. En una ocasión ella se despertó desnuda y con restos de semen, sin que hubiera consentido la relación, en otra se le encontró realizando actos sexuales, y en una más, tras haber ingerido alcohol, se percató de que la estaba penetrando.

TESTIGOS

Un tío, una tía y una prima del procesado han coincidido al declarar ante la sala que no era una relación «equilibrada», en el sentido de que la mujer -que tenía 31 años cuando empezó a salir con él, de 23- tenía «carácter» y era «dominante», mientras que él es «dócil» y «se deja llevar», hasta el punto de que se quedó «aislado» de su familia, según han apuntado los tres.

También han considerado que «la tenía miedo» y que «jamás» discutía con ella, sino que cuando había algún problema optaba por «agachar la cabeza» y pedirla perdón para evitar que se «enfadara más» o poder volver a casa cuando ella le echaba.

Y aunque cuando coincidían en reuniones familiares la mujer «nunca hablaba bien de nadie» ni «nada» e incluso contaba «cosas muy íntimas» de él -lo que no hacía bien, «debilidades» o hasta el tamaño de su pene- y de otras personas -como que su madre y exparejas la había maltratado o que su padre abusó de ella-, no se refirió sin embargo en cambio en ninguna ocasión a los supuestos abusos del acusado, algo que les resulta «muy extraño».

Tuvieron conocimiento de los mismos antes de la denuncia, por conversaciones escritas entre ambos de las que ella hizo un envío «masivo» por mensajería instantánea a chats y grupos no solo de la familia y amigos, sino también conocidos y compañeros de trabajo.

Según han precisado, los distribuyó una vez él dio por finalizada de manera definitiva la relación, tras crisis previas, y cuando decidió irse a Madrid para distanciarse porque «ya no podía más» por las «vejaciones constantes» a las que ella le venía sometiendo durante «años» en los que incluso -han apuntado- le «chantajeaba» con ver a su hijo pequeño y con el que él ejercía de padre.

«Nunca pensamos que esto podía llegar aquí», ha expresado la tía del acusado, que ha reafirmado que la víctima hablaba e incluso decidía por su sobrino, que tras una comida familiar marcada por una situación «conflictiva mucho más exagerada» que en otras reuniones, él la confesó que llevaba tiempo durmiendo en el sofá porque ella había «empezado a decirme que la violo».

Ante tal comentario, esta testigo -psicóloga de profesión- le recomendó que se fuera de casa, pusiera tierra de por medio y dejara la relación, consejo que siguió y rompió con su pareja en verano de 2017.

Otra psicóloga, del centro de atención integral a víctimas de la violencia de género que la asistió en otoño de ese año y durante doce meses, ha manifestado que la mujer mostraba «angustia», «ansiedad», «tristeza» o «llanto».

En su declaración, como testigo, ha concluido sin embargo que era la mujer la persona «dependiente» en la relación, en el seno de la cual adoptó un «rol de sumisión» por miedo -ha explicado- a que él la dejara.

Ha añadido que ejerció, también, el papel de «madre», en el sentido de que ejercía de «cuidadora» de él y adoptaba y supervisaba las decisiones.

EXTRAÑO ABUSOS SIN VIOLENCIA

Y las psicólogas que han declarado como peritos han señalado que el acusado es «dependiente» y «sumiso» y han considerado que para él esta relación, la primera que tenía estable y de convivencia, «era todo».

Además, ambas expertas han considerado que es «extraño» y «no habitual» que en el seno de una relación haya solo abusos, sin violencia física o maltrato machista.

Asimismo, han apuntado en que aunque no existe «psicopatología» en el caso de él, si se pueden dar a cabo acciones como las denunciadas por la víctima.

CONCLUSIONES

Tras la práctica de la prueba testifical y pericial, las partes han elevado a definitivas sus conclusiones y han mantenido las penas inicialmente solicitadas, que en el caso de la Fiscalía son 9 años de cárcel frente a la libre absolución que pide la Defensa.

La fiscal apoya la solicitud en aspectos como las respuestas de él a los mensajes de ella, que al preguntarle por qué la violó, el contestó porque «no lo hacíamos (el amor) apenas» y admitía a continuación que no era «justificable».

Esta parte entiende que no hubo violencia o intimidación, pero sí acceso carnal, y añade la agravante de parentesco por tratarse de su compañero sentimental, con el que la víctima llevaba ocho años conviviendo.

La Acusación Particular considera también que los mensajes de él constituyen «una confesión en toda regla» de los hechos denunciados, ya que en ellos reconoce que «lo ha hecho mal».

Cree que esto no es un «mero asentimiento» para evitar, como aludió él en su declaración, la ruptura de la relación, pues cuenta cosas que ella no plasma, como en una ocasión en que la besó la barriga para intentar despertarla y, como no lo consiguió, la «tocó».

Sin embargo, la Defensa ha contrapuesto que lo «único» que dice en esos mensajes es, precisamente, que «la tocó», pero no reconoce en «ningún momento» que la hubiera penetrado o introducido un dedo en la vagina.

Este abogado precisa que el término «violación» lo introduce ella en una conversación igualmente «dirigida», en la que él lo interpretaba como situaciones en las que la mujer se despertaba por la mañana y no se acordaba de nada.

De todas formas, no considera «creíble», más cuando la víctima declaró tener el sueño «ligero», que no se despierte si la están realizando tocamientos y, sobre todo, penetrando, algo «surrealista» y «kafkiano»,

por lo que ha tildado de «ilógico» e incluso «absurdo» su relato.

Y le parece «muy llamativo» que los hechos empiecen en 2013 y no se denuncien hasta 2017, cuando ha terminado la relación, y que pese a todo ella quisiera tener hijos con él y dejase a su cuidado los que tenía de parejas anteriores. Es algo que «no se sostiene», ha zanjado.

Con todo, este letrado ve un «móvil espúreo» en la denuncia y cree que ella la interpuso «por despecho», porque él había roto la relación.

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Author: EUROPA PRESS

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